Tierras diferentes para diferentes Vinos
7 abril, 2020
Poda en La Terrañuela

Sabe la viña que este es el momento de volver a la vida, regenerarse como ente vivo, resucitar tras el letargo y aportar vida a la vida, nos queda un mes, si todo va bien para el desborre. Que sarcasmo, en los humanos.

La poda la iniciamos con las nieves y heladas del 2019, nos metimos intensamente en el viñedo, primero por aquellos que habían dormitado antes, comenzamos con Caleruega, nos vinimos a la Terrañuela y más tarde, sobre enero, hemos trabajado el viñedo de Aranda y el de Fuentenebro.

Para finales de enero y principios de febrero, cuando podamos la Terrañuela, se dio por finalizada la poda.

El viñedo viejo esta en Vaso y el viñedo viejo, pero más nuevo (de menos de 30 años) en espaldera. Mi abuelo decía que «una viña la poda un niño», pero si fuera tan sencillo. Primero estamos en zonas de hielos, estamos en zonas de granizo. En Caleruega, que tiene 2 grados menos temperatura en el viñedo, cuando yo podo dejo solo dos brotes, la temperatura es más baja y tiene menos accidentes climáticos. En la Terrañuela, donde se suele helar unos de los brotes o dos, suelo dejar tres brotes. Es clásica una helada en abril y otra en mayo en estas tierras de Ribera.

En estos días hemos estado sarmentado en las viñas, para hacer fardos de sarmientos y llevarlos a las chuletadas que hace el Ventorro en el campo, en el monte, con sus clientes. Al final, en todos, los aspectos, la viña nos da satisfacción. Ese fuego, esas chuletas y ese Señorío de Caleruega. Esto es vida, a vivir.